Autor: main.kuberiq@gmail.com

  • Cartas que nunca llegaron

    Hay palabras que escribimos para no enviarlas. Las guardamos en cajones, en borradores sin título,
    en el fondo del pecho donde nadie puede leerlas. Son las cartas más honestas que existen — porque
    cuando sabemos que nadie va a leer, nos permitimos por fin decir la verdad.

    Una carta no enviada es un acto de amor extremo. Es proteger al otro de tu propia intensidad. Es
    quererlo tanto que prefieres guardarte.

    ▎ Te escribí en enero
    ▎ con la tinta del invierno,
    ▎ con esa letra temblorosa
    ▎ que solo sale de noche.

    ▎ No te pregunté cómo estabas.
    ▎ Te pregunté si todavía
    ▎ pensabas en mí
    ▎ cuando llovía.

    ▎ Guardé la carta.
    ▎ La doblé en cuatro,
    ▎ la metí en el bolsillo
    ▎ más profundo del abrigo,
    ▎ ese que ya no uso
    ▎ porque me recuerda al frío
    ▎ que se siente
    ▎ cuando alguien se va.

    ▎ Pero a veces la saco.
    ▎ La desdoblo despacio.
    ▎ La leo como si fuera
    ▎ de otra persona,
    ▎ como si ese dolor
    ▎ le perteneciera a alguien
    ▎ que ya no soy yo.

    ▎ Y casi me convenzo.

    Los grandes libros de amor de la historia son, en el fondo, cartas. Las penas del joven Werther es
    una carta. Cien años de soledad es la carta más larga que García Márquez le escribió al olvido. El
    amor en los tiempos del cólera es una carta enviada cincuenta años tarde.

    Quizás toda la literatura no es más que eso: el intento desesperado de decirle a alguien — en algún
    tiempo, en algún lugar — que estuvimos aquí. Que sentimos. Que amamos.

    ¿A quién le debes una carta tú?

  • El universo cabe en una página

    Cada libro es un cosmos en miniatura. Un lugar donde el tiempo se dobla, la gravedad pierde su
    nombre y el lector se convierte en dios de mundos que nunca existieron — pero que, de algún modo,
    siempre han sido más reales que este.

    Pensamos que el universo es grande porque no cabe en nuestros ojos. Pero hay quienes aprendieron a
    doblarlo, a comprimirlo en signos diminutos sobre papel delgado. Esos son los escritores. Esos son
    los cosmólogos del alma.

    ▎ Abre el libro.
    ▎ No con las manos —
    ▎ ábrelo con el pecho.

    ▎ Déjate caer
    ▎ por la primera línea
    ▎ como quien salta
    ▎ al vacío de una estrella.

    ▎ Adentro no hay páginas.
    ▎ Hay vidas.
    ▎ Hay muertes que duelen
    ▎ aunque nadie haya muerto.
    ▎ Hay amores que arden
    ▎ aunque nadie haya amado.

    ▎ Cierra el libro.
    ▎ Pero no del todo —
    ▎ deja una esquina abierta
    ▎ para que los personajes
    ▎ puedan respirar de noche.

    Dicen que la primera biblioteca de Alejandría contenía el conocimiento del mundo conocido. Que su
    incendio fue la pérdida más grande que ha sufrido la humanidad. Pero nadie habla de las bibliotecas
    que arden cada día en silencio: los libros que nunca se escriben, los poemas que mueren en gargantas
    cerradas, las historias que se pudren en la memoria de quienes no se atrevieron.

    En Microcosmos creemos que cada historia merece existir. Que cada voz, por pequeña que parezca,
    carga consigo un universo que el mundo necesita.

    ¿Cuántos universos llevas dentro tú?

  • Hello world!

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